Escrito en Imagen Corporativa | Sin comentarios | 28-08-2017

El origen de las tarjetas de visita se remonta al siglo XV en China, desde ahí fue expandiéndose hasta convertirse en una herramienta imprescindible de etiqueta que las familias de clase alta usaban como modo de presentación. Cientos de años después, en Inglaterra empezaron a usarse como carta de presentación de negocios, incluyendo en ellas un mapa con la ubicación del mismo.

Puede que las asociemos a este concepto tan clásico y tradicional y pensemos que, a día de hoy, y con todo el alcance de las redes sociales en este entorno 2.0, las tarjetas se hayan quedado desfasadas. En cambio, es un elemento que sigue resistiendo a la digitalización por diversos motivos:

  • Es una carta de presentación con mucho poder, ya que resume quién eres, qué haces y cómo localizarte.
  • Tiene un importante potencial diferenciador gracias a las múltiples opciones de personalización que ofrece, y con las que se debe plasmar lo mejor posible la imagen corporativa y adaptarla a los servicios que se ofrecen.
  • En cualquier evento de networking, conferencia o reunión es el elemento físico que van a quedarse de ti. Posiblemente no se pongan a buscarte en LinkedIn o Facebook en ese mismo momento, pero si se quedan con tus datos, podrán buscarte y contactar contigo más adelante.
  • Funciona bien para captar nuevos clientes. Si necesitan los servicios que tú ofreces, les causaste una buena impresión y tienen tu tarjeta a mano, recurrirán a ti antes de ponerse a buscar más alternativas.

Por otra parte, si no se cuida el diseño de la tarjeta o no se transmite una imagen adecuada para el mercado al que se dirige, puede tener un impacto negativo y apartar al público potencial en lugar de acercarlo. Por lo que es importante que, si no eres un experto en diseño, dejes esta tarea en manos de alguien que si lo sea.

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Una de las partes más complicadas de diseñar una tarjeta de visita es condensar en sus dos pequeñas caras una gran cantidad de información útil sin que quede recargado:

  • Si se trata de una tarjeta personal debe incluir el nombre, la profesión, el domicilio, el móvil, la dirección de correo electrónico, las redes sociales en las que desees que te busquen (LinkedIn, Facebook, Instagram, Twitter…), una web o blog profesional si tienes, e incluso podría tener una foto tuya.
  • Si es una tarjeta de empresa debe incluir el nombre de la empresa, el logo, la dirección, el teléfono de contacto, el correo electrónico, los servicios ofrecidos, algún eslogan o frase llamativo, las redes sociales de la empresa y la web. Además de esto, si son tarjetas específicas para cada empleado, debe añadirse el nombre, su cargo en la empresa e información de contacto de cada uno.

Si eres de los que no se conforman con algo básico y buscan una tarjeta exclusiva, que destaque entre el resto y que quienes la reciban la recuerden por su originalidad, tienes opciones de diferenciación muy variadas:

  • Usa papeles especiales: pueden ser rugosos, brillantes, más gruesos o más finos, transparentes, e incluso con acabados de madera o metalizados.
  • Prueba con efectos 3D o a poner partes de la tarjeta en relieve.
  • Tampoco tienes por qué limitarte a los tamaños estándar y a la forma rectangular, tienes toda la libertad siempre que tenga un formato práctico.
  • Añade un código QR que dirija a tu web.

Piensa en el efecto que puede causar al público recibir una tarjeta transparente de una cristalería, una tarjeta hecha en tela de una tienda de ropa, una tarjeta que con la que se pueda montar una caja de una compañía de transporte de paquetes o una deliciosa tarjeta con forma de pastel de una pastelería.

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